¿La ética de hoy?

Leo con demasiado desagrado la columna publicada por Correo este viernes 26 de setiembre.
“Sobre la redistribución” anuncia el título y Juan José Garrido Koechlin se lanza, sin vergüenza, con una serie de afirmaciones, digamos lo menos, discutibles. El autor señala que: “moralmente, la redistribución es inaceptable” caray… Imagínese usted qué le hubiera dicho a Jesús un tipo así cuando se sentó con una muchedumbre a comer pan y pescado (y los multiplicó al compartir). Pero bueno, que no se me diga cristiano conservador, que no lo soy. Explíqueme querido lector, como una persona que escribe en un periódico de importante circulación puede ser tan obtuso en su razonar. Continua el autor: “Tomar de uno” no es otra cosa que robar, y “tomar de uno para darle al otro” es esclavizar”.

Querido lector, gente como ésta, escribiendo en diarios de nuestro país, son un peligro. Son un peligro pues pueden exacerbar los sentimientos de millones de personas (que felizmente no lo leen) relegadas de participar en el mercado. No podemos olvidar que un tercio de nuestro país sufre en los primeros cinco años de vida, deficiencias calóricas. ¿Cómo es posible que un tipo lance una afirmación de esta magnitud, y peor aún, que un diario la publique? Bueno, vamos, soy respetuoso de la libertad pero seamos serios! Autores como el mencionado son un peligro para todas aquellas personas que buscan que en el Perú exista una economía de libre mercado, porque con ese tipo de liberales, por favor,  ¿con quién se dialoga? Como le explicamos a la gente que los incentivos del mercado son los mejores, cuando sus defensores piensan que la redistribución, una tarea del Estado consignada en la constitución, es inmoral. Es un peligro, además, para los mismos liberales (si es que los hay en Perú). Las personas fanáticas polarizan demasiado el debate aumentado el costo de llegar a acuerdos. Felizmente, en general, nuestro país no es dado a fanatismos.

Finlandia y Noruega suelen ser ejemplos muy utilizados por mis amigos más liberales (de Brasil y Ecuador) para demostrar cómo los incentivos del libre mercado operan efectivamente. Muchas veces están en lo cierto y lo digo con gusto, porque el modelo nórdico es digno de mayor estudio e imitación. En términos redistributivos diremos que la educación pública, que pagan todos los finlandeses a través de impuestos, alcanza al 95% de la población. En términos de salud pública, podemos apreciar que el Estado finlandés provee de salud al 76% de su población. Si el estado provee el servicio, esta redistribuyendo porque lo hace con impuestos que recolecta de todos los ciudadanos, y no todos pagamos los mismos impuestos.

Lamentablemente en nuestro país el gasto en educación y salud no pasa de un dígito de nuestro PBI, no quiero siquiera mencionar algo sobre la huelga de maestros o el estado de las matemáticas en nuestro país (porque, soy sincero, me hincho de rabia). Más penoso es pensar que hay personas, como el susodicho autor, que defienden que la gente se muera de hambre, que no aprenda a leer, que no sepan sumar. Esta columna se publica además, en una semana en la que hemos sido bombardeados (en rpp, canal N, peru21, etc) por el señor Kliksberg, quien no paraba de hablar de la gestión social. Sólo entiendo las líneas del autor como una reacción rabiosa. Aunque no comulgo totalmente con la línea de pensamiento del señor Kliksberg, reconozco en su discurso mucha verdad. La primera: las élites tienen la responsabilidad de la miseria de nuestros países. Sí pues, como un gerente tiene que asumir la responsabilidad de quebrar una empresa (y nuestro país ha sido quebrado varias veces).

El señor Garrido Koechlin, afirma que quienes defendemos la redistribución decimos que disminuirá las fricciones sociales… aunque puede ser el argumento de algunos, puede ser tan corto de vista? No se trata de redistribuir porque reducirá la fricción social. Se trata de asegurar condiciones mínimas para garantizar la participación en el mercado. La redistribución no va contra el mercado, como el simplista razonar del autor pretende hacer entender.

Disculparán ustedes que escriba con la pluma caliente en esta ocasión pero seamos sinceros: Ni el más animal de los animales comete el mismo error dos veces, porque se muere, lo matan o se lo comen. Negar la importancia de la redistribución implica segarse ante la violencia que vivimos en este país, violencia que mato a muchos. Es segarse ante los acontecimientos económicos mundiales. Es segarse a la naturaleza solidaria que tienen los seres humanos. Decir que la redistribución es contraproducente muestra que no se ha leído nada de historia, y si se ha leído, que no se entendió. Para avanzar como sociedad, sin duda, hay que incentivar la creación de riqueza señor Garrido; pero a su vez, hay que preocuparnos que cada vez más sean capaces de producirla. Nunca avanzaremos con razonamientos que devienen en el corte de programas redistributivos (como es el sistema de salud, de educación, de alivio a la pobreza extrema). Debemos ser más inteligentes y pragmáticos para poder avanzar.

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