Mentiras y autoengaños (en comunicación, economía y política)

Un combito por Silvio Rendón, me llenó de motivos para lanzar este post que tenía en mente hace un par de días. El combito mencionaba que Freakonomics hizo referencia al trabajo de un economista peruano: El profesor César Martinelli, quien junto a Susan Parker, publicará un artículo titulado “Deception and Misreporting in a Social Program” (Engaño y declaraciones incorrectas en un Programa social). Personalmente, me da gusto la noticia pues el profesor Martinelli me enseñó e incluso me alcanzó, seguramente, la más importante sugerencia para lograr mi tesis de grado: “Fabio, es un trámite”.

La idea principal del artículo es que la gente miente! Y miente al decir que tienen cosas como inodoros o suelos de cemento, aunque al ser visitados se compruebe que no las tienen. Mienten también al decir que no tienen artefactos como teléfonos o tractores, que luego se comprueba que sí tienen. El artículo concluye que las personas no son exclusivos maximizadores de utilidad 1) ante la posibilidad de perder por engañar a otros o 2) de tener vergüenza por reportar la falta de algunos bienes que usualmente tienen todos aquellos de su misma condición social.

Evidentemente nada nuevo trae la comprobación que la gente miente. La importancia del artículo recide en que el tipo de data “auto-reportada” es poco consistente, especialmente para la implementación de políticas sociales. A mi, sin embargo, me interesó por otro motivo.

Las personas se pueden correr el riego de no ser atendidas por un programa social por decir que tienen lo que es norma es un condición social (no teniendolo), eso es tan parecido, como dice Dubner, a decir que hemos leído un libro cuando parece que todos nuestros compañeros lo han hecho. Algo parecido es creer que: mi casa vale más, “porque es mia”. Este comportamiento, más usual de lo que a los economistas les gusta admitir, se conoce como “efecto dotación” (endowment effect). Recientemente, dos artículos en The Economist se refieren a él (1 y 2).

Creo que ambos efectos nos pueden ayudar a entender algunas de las dificultades de lidiar con las personas, especialmente cuando abordamos temas de políticas públicas
. Los humanos no hemos contado con contratos sino hasta hace algunos cientos de años, miles diran algunos constitucionalistas. Ciertamente, nada en comparación a la evolución de nuestro cerebro. Pues la verdad es que en nuestro cerebro está la idea que, como en el pasado lejano, si yo negocio “mi” bien con alguien, existe un riesgo alto de perderlo (pues antes no existían contratos, ni  derechos, ni etc). Esta hipótesis ha sido desarrollada en un interesante trabajo recientemente públicado por los profesores Jones y Brosnan.

Presumo yo, [y prometo afinar el dato] que en un mundo en donde el sistema legal está poco desarrollado, la tendecia a cuidar más los bienes percibidos como propios es mayor. Esto dificulta la negociación de cualquier acuerdo, claro. Pero además influye sobre la percepción que existe sobre los daños que se realizan a los bienes propios, y la consecuente reparación que se debe recibir. Ese es un tema común en la relación entre la minería y las comunidades peruanas, por ejemplo.

A ello debemos agregar otra particularidad, llamada el sesgo de confirmación. Éste nos explica que las personas tenemos una tendecia a buscar y procesar aquellos datos o eventos que confirman nuestra percepciones previas. Ello hace más dificil romper con los prejucios o convencer a los contrarios. Pensemos en la dificultad entonces de implementar una política necesaria pero poco popular; o incluso peor, poco necesaria pero popular (“y además, que se me ocurrió a mi”).

Con esta nota, y gracias a los profesores Martinelli y Rendón, tenía como objetivo  recordar la complejidad de las personas y de la realidad, aunque nuestro cerebro tienda a simplificarla para darnos la sensación de estabilidad. Considero que la complejidad debe ser tomada en cuenta por quienes diseñan y comunican políticas, cuidándonos de economistas que las consideren “irracionales”.

PD: Una nota extra, las personas también castigamos a los demás, aunque nos cueste o exponga, cuando pensamos que hemos sido tratados injustamente. Con humor, podemos ver esto aquí:

3 respuestas a Mentiras y autoengaños (en comunicación, economía y política)

  1. Jomra dice:

    Salud

    ¡¡Gran artículo!! Me ha recordado dos cosas en paralelo (y vinculadas a su objetivo, lo complicado que somos las personas), un artículo de Deanna Kuhn sobre “conclusiones apresuradas” (acá un resumen) y por otro lado, el tema de los conceptos diferentes bajo la misma palabra o presunción de que son lo mismo (como es el caso de la propiedad, en Perú manejamos, realmente, dos conceptos distintos de la propiedad privada, por un lado el legal de origen romano y es, básicamente, el que rige en el mundo occidental, y por otro el andino, que tiene una serie de significaciones distintas, Rosa María Palacios, que serviría a modo de ejemplo de lo que digo, tocó este tema una vez, pero no encuentro el enlace).

    En Memoria oral sucede que muchos hechos faltantes en la memoria de la persona entrevistada son “llenados” por la memoria colectiva (similar, supongo, al efecto dotación que Vd. menciona en el artículo), así pues, un investigador de los “niños de la guerra civil española” contaba cómo casi todos los entrevistados, ya personas muy mayores, consignaban un barco como el que les llevó a Bélgica en 1936, cuando en realidad menos de 10 de los entrevistados habían viajado en ese barco, y el resto lo hizo en otros -según los documentos-, pero claro, ese barco era y es MUY conocido, así que todos los niños, en su imaginario según fueron creciendo, llenaron el dato de su barco con el nombre conocido.

    Hasta Luego y perdón por salirme del tema.

  2. César dice:

    El tema de que tan exacta es la declaración de una persona es un tema muy interesante y relativamente investigado en el Derecho. El adecuado análisis de las declaraciones de los testigos son sumamente importantes dado que ellas pueden determinar la culpabilidad o inocencia de una persona. Basta ver que el caso Fujimori, y también el caso de los futbolistas, se construye en gran parte en declaración de testigos. La credibilidad que se le asigne a esos testimonios podrá influir, en gran medida, en las decisiones que tomen las autoridades en su momento, motivo por el cual se deben evaluar los elementos establecidos en la doctrina para evaluar la admisibilidad y credibilidad de un testimonio.

    Yo he escrito algo sobre el tema: http://nuestrasrazones.blogspot.com/

  3. Fabio dice:

    Gracias por los comentarios.

    Convensando hoy con un gran amigo abogado, me comentaba que existen ejemplos en la Justicia de Paz, y en particular en el estudio realizado en Calahuyo que muestran que existen maneras de disminuir los riesgos al intercambio en comunidades sin sistemas legales “occidentales” afianzados. Sin duda, desde la sociología del derecho encontramos esta afirmación.

    La aprecio y tengo la siguiente reflexión: Cada comunidad encuentra mecanismos para disminuir, en particular, este miedo “genético” a intercambiar; unos más sofisticados que otros. Veo que en las comunidades de nuestras sierras y amazonías, estos mecanismos logran ser eficientes por la cercanía existente ante sus autoridades. Cuando se trata de hacer valer estos intercambios y acuerdos con autoridades más lejanas, daría la impresión que el riesgo vuelve a subir.

    De esta manera, la cercanía de las autoridades responsables de hacer cumplir los acuerdos alcanzados afectaría positivamente la disminución de este “efecto de dotación”. Ojo, no lo eliminaría. Además, tener en cuenta que no es un costo de transacción; es una realidad que afecta al modelo racional que los economistas solemos utilizar para nuestros análisis.

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